
A la llegada a Amsterdam, había un pajarito, que aunque no era muy bonito ;) cantaba divino y le daba un toque natural a la esquina donde estaba.

El Rijksmuseum. Hermoso por fuera, hermoso por dentro. Mirarlo sin afanes fue una muuuy buena experiencia ;)

El Museo de Van Gogh. Pude estar muy poco tiempo, que pesar. Pero la emoción de ver las pinturas así sea de carrerita, aguanta.

El Rijksmuseum desde otro ángulo.